Cuantifica la sangre en el TC y el riesgo de vasoespasmo tras una HSA (1 a 4).

La escala de Fisher valora la cantidad y distribución de la sangre en el TC craneal tras una hemorragia subaracnoidea. Su utilidad principal es predecir el riesgo de vasoespasmo cerebral, una complicación temida.
Cuatro grados:
Se asigna el grado según el aspecto de la sangre en el TC.
| Grado | TC |
|---|---|
| I | Sin sangre |
| II | Capa fina difusa (<1 mm) |
| III | Coágulo localizado o capa gruesa (>1 mm) — máximo vasoespasmo |
| IV | Sangre intracerebral o intraventricular |
Predice el riesgo de vasoespasmo.
El grado 3 es el de MAYOR riesgo de vasoespasmo (un clásico del MIR).
TC con una capa gruesa de sangre en las cisternas: grado 3, máximo riesgo de vasoespasmo.
Existe una versión modificada de Fisher que afina aún más el riesgo de vasoespasmo.
Pensar que el grado 4 (sangre intraventricular) es siempre el de más vasoespasmo; el clásico es el 3.
Fisher CM et al. Neurosurgery, 1980.
La escala de Fisher valora la cantidad y distribución de sangre en la TC craneal tras una hemorragia subaracnoidea, y su gran utilidad —y lo que casi siempre pregunta el MIR— es predecir el vasoespasmo cerebral. El dato estrella: el grado 3 (sangre difusa y gruesa en las cisternas) es el de mayor riesgo de vasoespasmo.
El vasoespasmo aparece de forma característica entre los días 4 y 14 tras la HSA y puede causar isquemia cerebral diferida, de ahí la importancia de anticiparlo. La medida preventiva clave es el nimodipino (un antagonista del calcio), y el manejo incluye vigilancia neurológica estrecha y Doppler transcraneal. Conviene no mezclar Fisher (sangre en la TC → vasoespasmo) con Hunt y Hess (gravedad clínica → pronóstico global): son complementarias y el examen las contrasta. Una TC precoz también es esencial porque la sangre se «lava» con las horas y la escala pierde fiabilidad.