Gradúa la gravedad de las fracturas abiertas (I a III).

La clasificación de Gustilo-Anderson valora la gravedad de una fractura abierta según el tamaño de la herida y el daño de las partes blandas. Orienta el riesgo de infección, la profilaxis antibiótica y el manejo quirúrgico.
Tres grados:
Se asigna el grado según la herida y las partes blandas.
| Grado | Herida / partes blandas |
|---|---|
| I | < 1 cm, limpia, poco daño |
| II | 1-10 cm, daño moderado |
| IIIA | > 10 cm, cobertura adecuada |
| IIIB | Pérdida de cobertura (precisa colgajo) |
| IIIC | Lesión arterial (precisa reparación vascular) |
A mayor grado, mayor riesgo de infección y peor pronóstico.
Fractura de tibia con una herida de 3 cm sin gran daño de tejidos: grado II.
El grado IIIC implica lesión vascular y es el de peor pronóstico.
Olvidar las subdivisiones del grado III (A, B, C), que cambian el manejo.
Gustilo RB, Anderson JT. Journal of Bone and Joint Surgery, 1976.
Gustilo-Anderson gradúa la gravedad de una fractura abierta por el tamaño de la herida y el daño de las partes blandas: I (<1 cm, limpia), II (1-10 cm) y III (>10 cm o gran contaminación, subdividida en IIIA, IIIB con necesidad de cobertura y IIIC con lesión vascular). A mayor grado, mayor riesgo de infección.
La utilidad que pregunta el MIR es el manejo: toda fractura abierta es una urgencia que exige lavado y desbridamiento quirúrgico precoz, profilaxis antibiótica (cefalosporina en los grados bajos, añadiendo cobertura para gramnegativos y anaerobios en los altos) y profilaxis antitetánica. La estabilización suele ser con fijador externo en las más graves. El grado IIIC (con lesión arterial) es el de peor pronóstico y a veces obliga a plantear la amputación. La idea de fondo es que la fractura abierta no se «cierra» de primeras: el riesgo de infección manda el tratamiento.